La Alemana nace el 20 de marzo de 1904.

Un grupo de industriales alemanes decide abrir en Madrid, en el entonces nº 7 de la Plaza de Santa Ana, que durante unos años pasó a llamarse del Príncipe Alfonso, un local abierto al público para el exclusivo consumo de cerveza, contando con una decoración que se ha mantenido prácticamente inalterada hasta nuestros días, aunque hayan desaparecido la chimenea prusiana y el gran espejo bávaro que en los primeros años adornaban sus paredes.

 

Por entonces y recién inaugurada, se anunciaba de cara a la Semana Santa de aquel año, como lugar para degustar “bocadillos de pasta de salmón, langostinos, anchoas y sardinas”, todo bien acompañado con cerveza El Aguila (diario El Imparcial, del 30 de marzo de 1904).

 

Ya para la siguiente temporada de invierno la oferta se centraba en bocadillos de faisán, corzo, liebre, foie-gras, anchoas, jamón, salchichas de frankfurt y Choukrout, al tiempo que se destacaba el hecho de haber vendido en nueve meses 91.683 litros de cerveza.

Estábamos en enero de 1905  (diario El Imparcial, del 23 de marzo de 1905).

 

En 1.924, Ramón González Peláez, asturiano que con muy pocos años había emigrado a Madrid para trabajar en distintos establecimientos del Paseo de La Florida, se hizo cargo de La Alemana, iniciando así el negocio familiar que tras dos generaciones seguimos atendiendo con la ilusión de mantenerlo como un referente de los locales clásicos de Madrid.

Aquí podréis ver el primer contrado de inquilinato de junio de 1924.

Es el año 1929 cuando se efectúa el registro del primer logotipo de La Alemana en el Registro de la Propiedad Intelectual.

Podéis ver en el documento original el estado del mismo al sobrevivir a un pequeño incendio.

Bajo la batuta del abuelo Ramón, seguida después por sus hijos Pepe, Conchita y Ramón y nietos hasta nuestros días, la Cervecería ha pasado por muy distintos avatares y ha sido testigo del trasiego y las vivencias de muy diferentes personajes.

Famosos personajes instalaron aquí su lugar de reunión, ateneístas y literatos como Valle Inclán, Jardiel, los Paso, o Víctor de la Serna, gentes del teatro como María Guerrero, Rivelles y, especialmente del mundo taurino, pues no en vano el patriarca Ramón González fue un gran apasionado del mundo del toreo, protector y amigo de Cagancho, de Rafael El Gallo, Diego Puerta y de las sagas de los Bienvenida y, sobre todo, de los Dominguines, que hicieron de La Alemana su cuartel general.

Ava Gardner fue asidua del local durante los 15 años que vivió en Madrid, entre 1952 y 1967, atraída por su romance con Luis Miguel Dominguín, aunque también acabó viniendo sola durante los últimos años de su estancia en Madrid.(Inés Vila. El País, 23.08.2011).

En esos años cincuenta el autor y premio nobel estadounidense Ernest Hemingway, que había estado anteriormente en España en 1937 y 1938 como corresponsal durante la guerra civil, volvió a España, y especialmente a Madrid atraído, sobre todo, por las fiestas taurinas.

Por ello, como no podía ser menos, también fue parroquiano de La Alemana, uno de sus lugares favoritos para tomar el aperitivo sentado en la mesa del ventanal.

Así lo recuerda el propio Hemingway en un artículo que publicó en septiembre de 1.960 en la revista Life, como “un buen sitio para tomar cervezas y café”, y quien también compartió mesa y copas con “la mujer más bella del mundo” y Luis Miguel Dominguín.

En Noviembre de 1955 un caballo se coló dentro de La Alemana para el asombro de todos los clientes y personal.

Desde Getafe venía "Polvorilla", que así se llamaba el animal, porque echaba de menos a su amo, Juan "el Pavo", un tratante que estaba tranquilamente tomando su cerveza en el interior del local.

Una anécdota curiosa que dejó a todo el mundo boquiabierto. Hoy en día todavía sigue en el aire la duda sobre si "Polvorilla" venía buscando a su amo o por el aroma de nuestras croquetas.

A finales de los sesenta y principios de los setenta la Plaza de Santa Ana se convierte en lugar de reunión de, como calificaba la prensa de la época “extranjeros de aspecto sospechoso, largas melenas y vaqueros raídos”.

Los hippies, quienes durante un tiempo perturbaron el ambiente clásico y taurino del local, para espanto de sus habituales, poco adeptos de los cambios. 

Desde 1980 La Alemana está reconocida como Establecimiento Tradicional Madrileño por la Cámara de Comercio de Madrid, dentro de los centenarios.

Hoy en día, los descendientes de D. Ramón seguimos empeñados en mantener la tradición de la cervecería como local ennoblecido por la historia madrileña, bullicioso, cosmopolita y bien surtido de tapas y cervezas.